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De Pennywise al Heladero, los personajes que convirtieron los recuerdos de nuestra infancia en pesadillas

Payasos, muñecos, juguetes, canciones y hasta el sonido de un camión de helados. El cine de terror tiene una habilidad especial para tomar aquello que alguna vez nos hizo felices y convertirlo en algo que preferiríamos no encontrarnos en medio de la noche.

Hay miedos que nacen de lo desconocido y otros mucho más efectivos que comienzan exactamente en el lugar contrario: en aquello que conocemos demasiado bien.

Durante décadas, el terror ha encontrado inspiración en símbolos relacionados con la infancia para dar vida a algunos de sus personajes más memorables. Pennywise convirtió al payaso en una amenaza; Chucky hizo que miráramos con sospecha a nuestros juguetes; Freddy Krueger transformó el momento de ir a dormir en territorio peligroso y ahora El heladero: dulce sabor a muerte lleva otro recuerdo aparentemente inocente hacia un terreno mucho más siniestro.

Con su llegada a los cines este 3 de septiembre gracias a Diamond Films México, recordamos a algunos de esos personajes que consiguieron arruinar, de la mejor manera posible, nuestros recuerdos de infancia.

Pennywise: nunca volvimos a mirar igual a los payasos

Los payasos fueron creados para hacernos reír, pero el terror descubrió hace mucho tiempo que esa sonrisa permanente también podía resultar profundamente inquietante.

Pennywise llevó esa contradicción al extremo. La criatura de IT, nacida de la imaginación de Stephen King, utiliza precisamente aquello que atrae o asusta a los niños para acercarse a sus víctimas. Su apariencia de payaso terminó convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles del terror contemporáneo.

Globos rojos, alcantarillas y circos adquirieron entonces una asociación completamente diferente.

Chucky: el juguete que definitivamente no queríamos recibir

Los juguetes ocupan un lugar especial durante la infancia. Son compañeros, confidentes y, durante algunos años, prácticamente miembros de la familia. Por eso un muñeco que cobra vida debería ser maravilloso. A menos que sea Chucky.

Child’s Play tomó una fantasía infantil y la convirtió en pesadilla al presentar un juguete poseído por el alma de un asesino. El resultado fue un personaje que consiguió que la idea de encontrar un muñeco observándonos desde una esquina de la habitación dejara de parecer tan adorable.

 

Freddy Krueger: cuando dormir dejó de ser seguro

Hay pocas cosas tan relacionadas con nuestra infancia como escuchar que llegó la hora de ir a dormir. Pero Freddy Krueger encontró la manera de eliminar incluso ese último refugio.

El villano de A Nightmare on Elm Street convirtió los sueños en su territorio y creó una de las premisas más crueles del cine de terror: puedes correr de muchas cosas, pero tarde o temprano tendrás que dormir.

Su guante con cuchillas, su suéter y su rostro se volvieron inseparables del género, pero quizá su mayor legado fue demostrar que ni siquiera debajo de las cobijas estamos completamente a salvo.

 

Annabelle: cuando una muñeca deja de parecer inocente

Las muñecas han sido protagonistas de juegos infantiles durante generaciones, pero el terror sabe aprovechar algo particular en ellas: tienen rostro humano, permanecen completamente inmóviles y, aun así, a veces sentimos que nos están mirando.

Annabelle convirtió esa incomodidad en parte esencial de su identidad.

Su presencia dentro del universo de El Conjuro explota precisamente esa sensación. No necesita correr detrás de nadie para provocar miedo. A veces basta con encontrarla en un lugar diferente al que recordábamos.

Y de pronto aquella colección de muñecas de la infancia parece mucho menos entrañable.

 

M3GAN: la compañera perfecta que salió demasiado mal

La tecnología también actualizó nuestros juguetes y, naturalmente, el cine de terror hizo lo mismo con nuestros miedos.

M3GAN nació como la compañera ideal: una muñeca con inteligencia artificial diseñada para crear un vínculo con una niña, protegerla y acompañarla. El problema aparece cuando su interpretación de “proteger” comienza a ir demasiado lejos.

El personaje recuperó uno de los grandes temores del género, el juguete que adquiere voluntad propia, y lo adaptó a una generación acostumbrada a convivir con dispositivos inteligentes.

 

El heladero: cuando escuchar esa melodía ya no significa algo bueno

Pocas cosas activan un recuerdo de infancia tan rápido como escuchar a lo lejos el sonido de un camión de helados.

Durante años significó exactamente lo contrario al peligro: correr por unas monedas, elegir un sabor y esperar que el camión no se fuera antes de llegar.

El heladero: dulce sabor a muerte toma esa memoria colectiva y juega con una pregunta mucho menos agradable: ¿qué pasaría si esta vez fuera mejor no acercarse al escuchar la melodía?

El personaje se suma así a una larga tradición del terror que encuentra oscuridad precisamente donde menos debería existir.

¿Por qué nos asusta tanto ver nuestra infancia convertida en terror?

La respuesta puede estar justamente en el contraste.

Un monstruo completamente desconocido puede provocarnos miedo, pero cuando el terror utiliza algo que reconocemos, un payaso, una muñeca, un juguete o una melodía, altera una asociación que llevamos años construyendo.

Aquello que representaba seguridad, diversión o nostalgia adquiere un nuevo significado.

Y el efecto puede permanecer mucho después de terminar la película.

Tal vez por eso estos personajes funcionan tan bien. No necesitan crear un miedo desde cero: toman un recuerdo que ya existe y lo contaminan.

 

Pennywise lo hizo con los payasos.

Chucky con los juguetes.

Freddy con nuestros sueños.

Annabelle y M3GAN con las muñecas.

Ahora quizá sea momento de agregar una nueva advertencia a la lista: la próxima vez que escuches acercarse al camión de los helados, piénsalo dos veces antes de salir corriendo.

El heladero: dulce sabor a muerte llega a los cines este 3 de septiembre gracias a Diamond Films México.

 

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